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17.2.14

Que no se piense que soy otra

Hoy, después de semanas, me tocó regar las plantas de la casa: más de 10 árboles grandes y el doble de macetitas y arbustos, más algunos nopales y otras cactáceas. Hacía rato que no me tocaba estar parada un rato rociando de agua las hojas, los troncos, su pisito, mirándolas nada más.
Viendo reflejos breves, cambiantes, en la multitud de hojas y flores mojadas, mientras me llenaba de ese olor a tierra mojada, a mañana fresca y sol calientito que tanto me encanta y que me trajo de repente una nostalgia dulce, sin dolor, que recordaba otros tiempos en los que hacía justamente lo mismo: mañanear para estar con las plantas.
Vi, entrándole duro al jazmín explotado de flores, una especie de palomilla gigante, que si hubiera estado tantitito más grande, habría sido colibrí. Minigigante.
Me tocó también estar regando el bambú y las buganvilias que están a un lado, y ver un colibrí verde acercarse al agua. Hice un poco de waterbending y gestioné que un chorrito delgado del agua que salía de la manguera fuera en su dirección. Enseguida se puso debajo del chorrito en cuestión, y empezó a girar, arquear, voltear la cabecita: ¡se estaba bañando!
Terminó y se fue a secar sacudiéndose bajo el sol, en la cerca de la casa.
Me puse feliz, y entendí que esa nostalgia que me había llegado cuando se me juntó todo de lleno (plantas, sol, aire fresco, flores, agua, tierra) era de pertenencia: no de que las plantas, la tierra, el agua me pertenecieran a mí, sino de yo pertenecer a ellas.

Y tras la nota luminosita buenoide, para compensar y para que no se piense que no soy yo, que se me fue lo oscura y lo grosera, he descubierto recientemente que para los homofóbicos tengo un poquitito de tolerancia y groserías (no tienen toda la culpa de estar pendejos), pero para los jotos y las jotas closeteras que son los primeros en burlarse de cualquier homosexual o burlarse de algún heterosexual insinuando que no lo es, sólo tengo desprecio y un asco profundo.

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