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12.9.12

De sus ojos y lugares comunes

Conozco estos ojos que bastantes personas han tenido oportunidad de admirar. Son unos ojos oscuros, arcanos; magnéticos, de mirada profunda que llama o desnuda, o sonríe lúbrica, o sonríe desafiante, aviéntate si te atreves, aviéntate si te lo permito. Son los ojos de tempestad; de la noche, traen misterio, algún indicio de peligro; son fríos a veces, otras veces prometen alguna perversión deliciosa, embriagan, igual que la noche.
Enamoran, igual que la noche, igual que los abismos.
Contemplarlos es lo que se hace. Resistir su fuerza es lo que se intenta, lo que hacemos tooooooooooooodos los que los conocemos.

Pero los conozco también en otra forma, y esa forma la conocemos pocos: tienen otra mirada, limpiecita, de llovizna que juega y refresca; mirada profunda no en el sentido de que se puede una hundir en ella, sino que viene desde adentro y trae lo que hay ahí. Trae el alma de una niña pequeñita que ama, que se asusta a veces, que ha vivido mucho pero sigue ávida de conocer.
Ser contemplada por esos ojos es lo que se hace. Dejar que me desarmen es lo que hago.
Que si me dejan de mirar me deshago, desaparezco, se me caen todos los dientes, caigo interminablemente en un abismo, me quedo sin voz, me desnudo en público y otras pesadillas recurrentes.

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